Mis años jóvenes fueron un torbellino de sana libertad y sensaciones.  A los dieciocho empecé a soñar con un gran amor, alguien especial que iluminara mis días y calmara mis temores, y también en formar algún día una familia feliz. Cumplidos  los veintiuno, decidí virar y apostar fuerte entregando  mi tiempo y cariño a quien antes lo hizo por mí, aparcando mis sueños...

Ahora, me quedan muy pocos sueños realizables, pero pienso construir mi futuro sin lamerme las heridas de lo que pude ser y no fui...  Ya quiero dejar de lado ese  -Me gustaría en un futuro disfrutar de eso, o aquello...

No, pasando por la vida vamos quemando etapas, y ya no quiero esperar más.  Me doy cuenta de que estoy viviendo mi futuro  y no habrá más ciclos para hacer realidad mis sueños porque la vida pasa y los años no perdonan... Ahora es tiempo de hacer una lista de cosas que no me quiero perder y poner el máximo empeño para que se hagan realidad, porque necesito algo que compense de alguna forma  lo que no he tenido...

A mi favor tengo, que cuando vamos cumpliendo años, vamos vaciando la maleta de las cosas pendientes poco a poco, porque nuestras prioridades cambian  y nos quedamos con las que realmente sabemos que podremos llevar a cabo...

Necesito, volver a mis orígenes, cambiar un paisaje que es hermoso de veras por el mío propio, y despertarme arrullada por el olor a resina de pino y salitre que tanto añoro...  Aún tengo fuerzas para dejar atrás una etapa que se ha quedado vacía de sueños, y va en camino de convertirse en algo monótono... Creo que merezco ese cambio y lucharé por conseguirlo...

Necesito muy pocas cosas ahora mismo para ser feliz, y no quiero renunciar a ellas, no a todas... No es mucho a lo que aspiro, pero sé qué lograré rodearme de esas pequeñas cosas que darán un cambio espectacular a mis días, y no me las quiero perder...

Ahora, se me antoja que no es tiempo de soñar... es tiempo de reconstruir mi mundo... es tiempo de cambios... de dibujar  mí Otoño acogedor y dulce.