Sí, un dulce y tierno mundo de recuerdos se agolpan aflorando a mi mente...  y todos son especiales y hermosos aunque mis ojos estén anegados...  Es lo que más necesito ahora, necesito grabar a fuego en mi memoria todos estos años con mi fiel compañero Xop, porque no quiero que cuando el recuerdo se dulcifique se me olvide ni un solo detalle de todo lo vivido con él.

Xop, fue posterior a mi Bóxer leonado... Un bello animal hijo de campeones que me regalaron unos amigos que criaban esta raza. Bajé con ilusión a Barcelona a por él porque iba a ser el regalo de cumpleaños para mi novio que muchas veces me declaró su alta estima por los perros, y más concretamente por esa raza.

 

Recuerdo, que aparecí con él medio escondido dentro de mi anorak, tan solo asomaba su ya cabezota a pesar de que solamente tenía un par de meses... Fue bien recibido, pero no como yo esperaba, y a la mañana siguiente me lo llevé conmigo a casa porque no quise consentir que creciera para luego ser estacado como guardián a la intemperie.

Desde el primer momento se convirtió en la alegría de la casa y gran compañía para papá, porque esa raza es algo fuera de lo común... Dicen de ellos que un Bóxer es el amigo que se siempre has querido tener,  también dicen que es un caniche con fuerza por lo juguetones y payasos  que son... esa gran musculatura esconde a un animal que muere jugando. Y,  algo que comprobé, sus ojos y su mirada es extremadamente humana. Lo he comparado siempre con el león que para nada tiene ojos, ni mirada felina a mi modo de ver. Y así era él, un animal fuerte, valiente, y generoso,  un poco cabezota y tozudo porque le gustaba ser la estrella con sus payasadas interminables, nada destrozón, confiado, y alegre a todas horas, tranquilo y pachón en casa e incansable andador afuera... Murió a los 11 años. De pronto su corazón se paró y nos dejó... fue de repente, después de un día normal, estaba a los pies de la chimenea durmiendo  cuando se levantó y se fue corriendo a esconder debajo de la mesa del comedor para fallecer tras un espasmo. Así de rápido, en unos segundos dejó de latir su corazón, dejándonos a mi padre y a mí huérfanos de su presencia.

Tras su muerte, comprendí  por primera vez lo que se les echa en falta... De pronto, te quedas sin llenar tu tiempo libre sacándole y el silencio en casa se torna gélido e insoportable, motivo por el cual quise que este fuera mi primer y último can.

Pero no fue así, porque con una excusa mis compañeras de trabajo me montaron una encerrona a menos de una semana de su muerte... íbamos a hacer un recado de una de ellas, y luego a tomar algo por ahí... El recado no era tal, y me vi de pronto en un lugar desconocido. Recuerdo que cuando el jeep paró el motor, al cabo de unos segundos nos vimos rodeados por una legión de perros de todos los tamaños... Sí, estábamos en la perrera andorrana.  Estuvimos allá un rato en el que me negué a adoptar a uno de ellos manteniéndome firme...  cuando en la cima de un caminito que da a la perrera apareció un perrito que se sentó observando el jolgorio de los demás...  Fue entonces cuando el veterinario le preguntó a uno de los empleados por ese perro... Es parte de una camada que ha parido una hembra en el bosque que rodea  la perrera. Inmediatamente fueron a ver, y les vi volver con tres cachorros en las manos, y seguidos por la madre que ladraba angustiada...  Ese primero que vi en el caminito me lo puso Carmela en las manos diciendo que me lo regalaba ella porque estaba segura que iba a ser una estupenda compañía para mi padre...

No supe decir que no, dejé que su  madrina, pagara esa mínima cantidad que cobran y nos fuimos con el chiquitín a casa...  Me dijo de ponerle Chop... por los castores o ardillas de los dibujos animados Chip y Chop...  pero preferí  Xop... que en catalán quiere decir empapado, porque un perro no es una ardilla. Se pasó el trayecto hasta casa en su regazo, y fue ella quien al llegar lo puso en brazos de papá.  Yo, me desentendí de él desde el primer momento, quise solamente ver un cachorrito adorable, pero solo eso... 

Pero Xop por alguna razón se dio cuenta,  y no tenía ninguna intención de que así fuera...  El veterinario que vino a vacunarle al cabo de un rato me dijo que no podría ser de momento, porque  ese piojillo no tendría más de 10 días... justo estaba empezando a dentar, no llegaba al palmo de alto puesto en pié y su peso fue de  1.200 gramos de nada...

Pero el cerebro de ese pequeñajo ya maquinaba a todo trapo, y la primera noche se reveló con toda su energía... Tanto, que papá perdió la paciencia y me despertó para que yo le dejara mi cama de 90 cm a cambio de la suya, porque no había forma de retener quieto al cachorro que no paraba ni un momento. Yo, que solamente pensaba en que a las 7 sonaría mi despertador no me opuse a ello y me lo llevé a mi cama...  Xop, dio un par de vueltas, se acomodó a mi lado como un pequeño ovillo, cerré la luz... Y allí se durmió tranquilo hasta que sonó el despertador...  

A partir de ese momento en que dejé que me adoptara ya fuimos inseparables... 18 años y 9 meses, toda su vida ha estado pendiente de mí hasta el final, yendo conmigo a todas partes... aunque tuvo que acostumbrarse a esperar que llegara del trabajo. Sí, eso le costó, amigos...  porque hasta que no lo conseguí se zampó las patas de mis sillas del comedor, dos sofás que dejó con las tiras del armazón al aire, y no sé cuantas cosas más...

 

Pero lo suyo, a pesar de comerse todas mis plantas incluida la menta, y todo lo que le llamaba la atención, era trabajar la madera. Sí, siempre dije que mi Xop iba para ebanista de mayor... El recortaba con sus dientes un trocito de pata de una silla... al día siguiente, buscaba el equilibrio de la escultura en cuestión comiendo por otro lado... día trás día, una pata tras otra, en todas dejó su huella... así hasta que le reponía el mueble...  y después de unos días de observar el nuevo objeto pensando seguramente en qué estilo artístico le daría, empezaba de nuevo a trabajar a destajo y sin contemplaciones cada una de sus patas de mientras yo estaba trabajando.

Su carácter nada ha tenido que ver con el de Òrion, porque siempre ha sido un perro tremendamente asustadizo ante truenos, ruidos fuertes, y sobre todo a las esporádicas explosiones de los tubos de escape de los automóviles y a los petardos los cuales le causaban pavor.  Mientras Òrion fue un estupendo amigo, Xop fue más allá porque creo que me confundió con su mami desde el principio... si yo iba al baño, allá que se plantaba en la puerta a esperar que saliera... etc. y,  mi padre estaba acojonado con algo que hacía... No importa a qué hora salgas del trabajo,  siempre lo sé por el... quince minutos antes de llegar a casa corría a la terraza esperando ver el coche,  o a la puerta del piso cuando la otra estaba cerrada en invierno...  No es olfato como mucha gente dice, es algo superior, tiene que serlo porque 15 minutos antes de llegar a casa yo estaba a 4 kms de distancia por carretera ... además nunca llegaba a la misma hora. Y es más... también mi padre sabía que no iba a llegar al mediodía porque tenía que quedarme a hacer horas, por la actitud del perro... Xop,  esos días no se levantaba de su lado para esperarme en la puerta, ni tan siquiera reaccionaba cuando yo llamaba al cabo de un rato a mi padre al ver el retraso para advertirle que no iba a subir a comer a casa... que comieran sin mí.

Durante su larga vida este animal me atrapó de lleno, y sobre todo me ha enseñado muchísimo, con él me volví más tolerante, aprendí a no lamentarme por carencias gracias a él porque siempre ha estado ahí para dibujar mi sonrisa día a día... ha suplido con creces añoranzas y miedos con su cariño desmesurado sin esperar nada a cambio...

Y, sobretodo... me ha dejado un maravilloso legado de sabiduría. Esa obsesión por darse a mí durante todos estos años es con lo que me quedo...

Cuando murió Òrion, me hice la ilusión de qué se había ido a su constelación a vivir su nueva vida...  Le puse este nombre porque se puede ver muy claramente aquí  gran parte del año... Quizás esté allí también Xop ahora... quizás los dos cada noche vigilen mis sueños desde este cielo andorrano plagado de estrellas...

No me importa, que la casa haya perdido el calor de su presencia, no importa que su arnés reste sin uso ahora, no importa que tenga que conformarme con llorar ante su dulce cara a través de las fotografías, no importa que se me encoja el corazón al abrir el ordenador y mirar la ternura de sus ojos en la foto de mi fondo de escritorio...  Me toca a mí ahora conformarme sin poder abrazarle y llenarlo de besos...  Me conformo, porque  él sigue conmigo muy presente en mí día a día... Me voy a la cama llorando al ver que no está junto a mí, me duermo ansiando verlo en mis sueños,  y me despierto buscándole en su mullida alfombra a los pies de mi cama...  Le añoro inmensamente, pero busco consuelo sabiendo que seguirá vivo dentro de mi corazón ya de por vida, y desde donde esté seguirá derrochándome su cariño y velando por mí el resto de mis días.

 

He escrito dos post seguidos acerca de él... quizás decida guardar en mi intimidad el resto de vivencias que hemos compartido a lo largo de tantos años...  pero hoy he necesitado escribir aquí un poco más sobre mi amigo y compañero inseparable.

Xop como todos los perros hizo sobradamente honor a esta frase...

"Los perros poseen todas las cualidades de los humanos, pero carecen de sus defectos"