Hace unos días pasé por algo que raramente me ocurre... leyendo un post de uno de vosotros me invadió la impotencia para comentar como hubiera deseado... las palabras saltaban y se desordenaban cada vez que intentaba comprender ese poema que tenía delante...  Hoy he vuelto a ese post como siempre suelo hacer para ver su respuesta, no sin el temor de que mi honesto comentario pudiera haber ofendido a la persona... No ha sido así, pero tal vez hubiera tenido que dejar pasar ese post sin comentar pensé para mis adentros... tal vez el silencio  hubiera sido la más inteligente de las opciones en ese momento.

Tras este episodio, algo me ha llevado a pensar en EL SILENCIO, y lo único que sé del cierto es que no me gusta esa palabra... Nunca me gustó porque a menudo encierra emociones masticadas que esconden sensaciones que detesto o que hieren como el rencor, el orgullo, el sufrimiento, la traición, la falsedad, el miedo,  la mentira, la envidia, el cerrar los ojos a la verdad, la soberbia, la ausencia de confianza, la hipocresía. Por eso  desde hace mucho tengo en mente una  gran frase que procuro no olvidar...

El silencio es el ruido más fuerte, quizás el más fuerte de los ruidos. 

Miles Davis (1926-1991) Músico de jazz estadounidense.

 

Pero si adoro el auténtico silencio, ese que penetra en mi corazón a menudo... Ese silencio lleno de paz, como sería el silencio nítido y puro con que se nos muestra la naturaleza a menudo, o el que se disfruta entre dos personas y llena momentos de extrema belleza, momentos en que el silencio es más que la palabra, y expresa con un gesto, una mirada, un estar ahí simplemente, todo aquello adonde esta no llega...

Diciembre, el mes de los silencios para mí... silencios  que nunca debieron serlo, silencios que al recordar duelen, silencios de ausencias, silencios que marcan...  A veces,  silencios salinos que abrasan  aunque el mar esté en completa calma. Otras, candentes y engañosos cual mirages, como en pleno desierto a pesar de la suave y hermosa ondulación de sus dunas... En las más, como una niebla cerrada imposible de disipar en la que se funden palabras, tiempo,  trozos de vida, y momentos sin vivir... Silencios...

También hay silencios que incomodan el alma, te asaltan recordándote que atravesando los años en alguna estación se quedó el Peter Pan que siempre te acompañaba. El problema es que adonde he llegado creo que  no venden billetes para pasar hacia la otra orilla y volver atrás... tendré que aprender a nadar...