Justo amanece, y hoy sí llueve en mis montañas...

POR FINNNNNNNNNN!!!  La de semanas que llevan anunciando agua y hasta ahora no había caído ni una gota... Pues, para celebrarlo voy a contaros la historia de Tom-Tóm, pero antes haré cafetito para el desayuno, mientras canto algo que me ha venido a la memoria...

El patio de mi casa
es particular:
cuando llueve se moja
como los demás.

Agáchate
y vuélvete a agachar
que las agachaditas
sí saben bailar.

Hache, i, jota, ka
ele, elle, eme, ó

Si tú ya no me quieres
otro niño me querrá

Chocolate, molinillo,
corre, corre que te pillo.
¡Estirad, estirad
que el demonio va a pasar!

 

EL DEDITO ASÍ, TIPITÍN, TIPITÍN,
LO MUEVO YO, TIPITÍN, TIPITÍN,
EL DEDITO ASÍ, TIPITÍN, TIPITÍN,
LO MUEVO YO, TIPITÍN, TIPITÍN,
JUGANDO ASÍ, TIPITIN, TIPITIN,
LO MUEVO YO, TIPITÍN, TIPITÍN,
JUGANDO ASÍ, TIPITIN, TIPITIN...

 

oOo

 

Je je, amigos... Bueno, a lo que iba...

Cuando era pequeña, si me ponía triste y con ganas de lagrimotear, me acuerdo bien que iba a lo que yo llamaba mi rincón de llorar... un simple ángulo de mi habitación que quedaba justo detrás de la puerta y por lo tanto carecía de espacio para muebles.

Allí me acurrucaba hasta hacerme un ovillito con mi peluche, le hablaba muy bajito y lo acariciaba hasta que a menudo me quedaba adormilada. Tom-tóm, era, y és... porque aún lo conservo (más o menos) un orangután precioso que yo adobaba, y siempre andaba desgreñado por culpa de mis achuchones.

Tenía más muñecos y peluches, pero Tom-tóm era especial para mí... Feote comparado con los otros... pero lo escogí yo misma de un escaparate y a pesar de haber muchos más no lo solté hasta que me lo compraron... con el tiempo me contaron el escándalo que armé con menos de dos añitos en la juguetería, cosa inaudita en mi porque solía ser una nena tímida y conformista, mis rabietas se zanjaban a base de pucheros ahogados a base de grandes lagrimones.

Pasó el tiempo, y mi madre intentó sin éxito que me encariñara por ositos, perritos y otros animales, pero no hubo forma humana. Ella, lo alzaba con las demás muñecas a lo alto de un estante,  y me dejaba otros más bonitos encima de la cama para ver si así me olvidaba... pero era peor el remedio que la enfermedad, solo consiguió que intentara subirme a cualquier cosa que me diera altura para cogerlo... eso,  hasta que un día por poco me parto la cabeza...

A partir de aquello ya se rindió y supo que su hija era de ideas fijas, liberó a mi orangután de las alturas y pagó por su osadía porque, de normal Tom-tóm velaba mi sueño encima de la colcha al fondo de mi cama, pero desde que lo recuperé, lo metía dentro de las sábanas conmigo para asegurarme que no me lo quitaran mientras dormía. Lo hice mi confidente y fiel amigo, y antes de dormir, ya a solas... (porque en casa se cumplían con muchas de las tradiciones católicas, pero otras se pasaban por alto como la de rezar antes de dormir y el bendecir la mesa)... Catita, musitaba una oración por los dos... le daba un besito, y a dormir...

 Ángel de la Guarda, dulce compañía, no nos desampares, ni de noche ni de día. Amén.

Que yo recuerde, siempre estuvo encima de mi cama, excepto una vez que mi adorada abuelita se puso muy mala antes de morir y se lo senté a los pies de la cama para que le hiciera compañía de mientras yo iba al cole.

Yo misma lo acicalaba cada día para asegurarme que no se estropeara.  Este orangután iba conmigo en la bolsa en vacaciones al apartamento de la playa, y viajó adonde yo fuera... incluso me lo llevé a Londres donde estuve estudiando.

Allí fue donde murió el pobre... y de la peor manera, snifff... porque resulta que yo, al cabo de un tiempo de estar allí, me pasé a vivir al  mismo centro compartiendo piso con una chica californiana... Moira, estudiante de arte.  Pero en la otra ala del apartamento vivía la dueña, una mujer mayor con tres caniches enanos blancos con la que sólo coincidíamos en el salón las veces que nos daba ganas de ver la tele dadas las grandes dimensiones del apartamento . Moira y yo, teníamos una habitación inmensa (incluso chimenea ya deshabilitada conservaba en el centro),  era nuestra cueva.

Un día, llegué de trabajar, y me encontré mi Tom-tóm descuajeringado en el suelo... se quedó la puerta abierta de la habitación, y los caniches se habían cebado con el pobre.

Ya os podéis imaginar el disgusto que tuve... Pero al llegar de España de nuevo después de mis vacaciones navideñas, me encontré encima de la cama en un paquete cerrado otro orangután, igual de bonito aunque más grande, regalo de mi compañera Moira. Está claro que no lo dejé nunca más encima de la cama... pero le seguí llamando por el mismo nombre que al anterior.

Y así, con los años, llegó a Andorra Tom-Tóm... el cual se ha pasado la mayor parte del tiempo en una estantería de pared a pared que  me hicieron por encima de la ventana de mi leonera... allí puse todos los peluches fuera del alcance de mi perro, je je... Después de la experiencia anterior, el día que Orión (mi Bóxer) llegó a casa fue lo primero que hice cuando vi la afición que le despertaban los peludos, ja ja... Luego, por Xop... que este, este sí que me salió amante del bricolaje y no estaba yo para perder de nuevo a mi amigo pelirrojo.

Este verano, he regalado algunos muñecos y peluches de mi colección a la nieta de mi vecina... la Luci. Otros que se tenían que llevar a la tintorería los he tirado...  los restantes, que aún son muchos los he metido por tandas en la lavadora y esta vez los he puesto encima de la cama en la que fue habitación de papá... Pero, como Xop ya no sube a las camas porque es viejito, he retomado la costumbre de poner a Tom-tóm encima de la mía durante el día.

Con los años, y a salvo de más infortunios ha vuelto a ocupar el lugar de honor... Y debo decir, que cada vez que entro en la estancia me nace una sonrisa al verle.

 

 

 

Aquí le tenéis recién lavado... Ya sé que es feote, pero es muy suave y siempre sonríe... es Tom- tóm...