Mi amiga Marga...
Margarida es una chica que conocí hace muchos años. Creo que fue de las primeras personas que me presentaron cuando vine a las montañas...
Al principio solo nos conocíamos de frecuentar el mismo lugar cuando salíamos de juerga... Fue allí, en Casa Nono, cuando empecé a ir cada noche que un día me uní a su grupo. Luego vino el verano, las fiestas de los pueblos y los días eternamente largos... y para una persona como yo, que en aquellos momentos no paraba en casa nada más que para repostar... como yo decía, fue uno de los motivos de que poco a poco, a los mediodías en la piscina y por las noches con el grupo reunido al completo, todos nosotros, hiciéramos de ese lugar nuestro punto de encuentro, nuestra primera casa, pues allí entre actuaciones en directo, partidas de billar, cervezas y chistes, esas personas empezamos a sentirnos como una familia...
Pero hoy os quiero hablar de ella, de Marga... porque era diferente al resto, tranquila pero sin ser sosa ni mucho menos, pasional, despreocupada, y bastante mística, su heroína Janis Joplin.
Así la veía yo... y aprendí algo de Marga que nunca he olvidado... Ella, era una hippie de los pies a la cabeza, solo hacía falta echarle un vistazo... lucía un largo cabello rizado y mal peinado y para adobar su aspecto desaliñado, siempre la vi con faldas largas, sin maquillaje y por supuesto sin sujetador... ella no usaba de eso a pesar de tener una talla un tanto voluminosa como para no llevar. Siempre aparecía con una sonrisa a pesar del cansancio porque recién terminaba de currar... con la cara lavada y más o menos en su mundo ja ja... porque los porros y ella eran inseparables... y el Magno... el cognac Magno que no le faltara... Pero nunca la vi borracha, en el sentido de caerse o de armar broncas...
Un día, cerca de la hora de cerrar del garito en el cual ella también trabajaba sirviendo mesas durante la cena, arriba, en el piso restaurant... me invitó a tomar una copa a su casa, vivía justo al lado... Y, bueno... yo nunca he tenido sueño por las noches hasta hace poco, que ya cuando salgo una velada necesito una semana para recuperarme, por tanto acepté, y allí empecé a conocer a Marga... en profundidad.
Era una persona, que aun "fumando" aun "bebiendo", no tenía más amistades con esa referencia. Escogía para ella, las cosas y las personas que le agradaban de la vida, las juntaba y se construía su propio mundo a medida.
En su casa, hablamos hasta que se hizo de día... yo, sentada en un sofa individual, que como ella... también era especial porque no tenía patas, se rompió una y ellas y Marga decidió quitar las restantes... y la verdad, era super cómodo, era como estar sentada en la cama... pero a ras de suelo... Y allí, ella sin dejar de lado su botella de Magno, yo con mis cervezas, ella con sus porros y yo con mis cigarrillos... Yo hablando y mirando sus manos, y ella creando maravillas... Porque Marga era toda una artista en el anonimato... capaz de dibujar preciosas láminas que al acercarlas a la vista, te dabas cuenta de que estaban hechas a base de minúsculos y precisos puntos de plumilla... tanto caras de gente, como paisajes... Dios! Como me gustó verla dibujar.
Cervantes - Autor: Ramón Fernández
Otra de sus aficiones era aún más espectacular. Siempre guardaba los envases de leche tetrabrik, los limpiaba, los abría completamente por la parte superior, los llenaba de escayola y esperaba hasta que secaba y podía retirar el bloque... Y de ahí no veáis que cosas esculpía, desde figuras redondeadas super modernas para la época, con los mínimos rasgos, hasta figuras importantes... A partir de ese día, muchas más veces nos juntábamos allí para rematar la noche tranquilamente, a veces con algunos amigos del grupo... Este tipo de obras le encantaba...

Otra cosa que me encantaba de ella, era ver como sacaba papel de fumar y liaba sus propios cigarrillos como un ritual ante nuestras miradas atentas, porque Marga fumaba tabaco de liar... y esa era otra cosa de las muchas que la hacían única.
Y esa persona que se mostraba así... Me contó una noche algo que luego me confirmaron personas del pueblo...
Margarida... no fue siempre así... Ella, llegó al Principado siendo una pija... conoció a un chico adinerado del pueblo, se gustaron, se casaron... y hasta tenía un hijo que vivía con su marido. Esa hippie años atrás era muy común verla conduciendo un Masseratti rojo descapotable en verano vestida a la última con ropa de modisto francés. No se parecía en nada a su yo de cuando la conocí... Eso fue hasta que se hartó de ese tren de vida que no la llenaba, esa vida que le cansó y le resultaba vacía, lo dejó todo y se fue a vivir sola de alquiler, no muy lejos, para poder ver diariamente casi a su hijo.
Su forma de saborear su libertad que muchos no dejarían atrás de esa forma tan valiente... me gusto mucho en ella... la hace distinta... ella es una mujer muy espiritual y sensible... y se decidió por otra opción de vida en la cual si podía feliz con mayúsculas.
Pero aún hay más... esa persona que en teoría era una persona solitaria y que vivía en su mundo, un día me enseñó algo precioso que yo pocas veces he visto en mi vida...
Un día, al salir de mi oficina en el centro, la encontré, venía de no sé donde... estuvimos merendando en mi casa... Yo solía ir directa a casa cada día, me duchaba, comía algo y medio dormía en el sofá hasta las 11 de la noche que me arreglaba y me iba de juerga con ellos hasta las tantas... a veces, re tantas... y muchas veces hasta las requeté tantas, j aja... Vaya, directa de la juerga a trabajar pasando solo por la ducha... luego ya dormiría al mediodía una pequeña siesta en el sofá... o si era verano, en la piscina. Había que repostar para seguir el mismo ritmo la noche siguiente.
Esa tarde como os contaba, me dijo que porque no iba a cenar a su casa y así de paso la subía al pueblo... y acepté. Llegamos allí, y me dijo... Espera Cata, tengo que comprar algo que yo, como el sueldo del restaurant no da para más que para pagar el alquiler, hago la compra a diario con lo que me dan de propinas la noche anterior, siempre suelo tener la nevera vacía... Entró en la tienda, yo cogí un pack de cerveza por comprarle algo para la cena, y ella compró 4 huevos, una lechuga y un tomate... y doy fe de que no le quedó casi nada de las pocas monedas que llevaba en el bolsillo... Cenamos dos huevos fritos y una ensalada.
Una cena totalmente sencilla y que yo recibí maravillada al ver hasta qué punto era capaz de compartir esa persona... ella, tenía como yo una mesura indecente de lo que representa el dinero en la vida, pero en su caso tenía mucho mérito, ella no lo tenía fácil como yo... Vivía de sus propinas y se había gastado sus últimas monedas en invitar a cenar a una conocida...
Me dio una gran lección de humildad, de respeto, y me enseñó como es verdaderamente una persona auténtica.
Con ella reforcé la idea de lo que vale una amistad y más aún, a partir de conocerla, si alguna vez lo hacía... no he juzgado ya más a la gente ni por su apariencia, ni por lo que tienen, solo por lo que se muestran ante mí...
Y ahora ella vive en Denia, nos vemos muy de tarde en tarde, cuando puede subir... pero no falta esa larga llamada para ponernos al día por Navidades...
No es que seamos grandes amigas, nunca lo fuimos en el sentido estricto de la palabra, compartimos una época sin más, de una forma especial y grata... pero es una de aquellas personas que gusta que se crucen en tu vida... dejan huella...
Ahora que lo pienso... Sí, sí que somos amigas... ese es el valor que se tendría que dar a la verdadera amistad... quizás sin saberlo con el trato nos hemos convertido en amigas para siempre.


















Puck... mi duente casero...

lilian fernandez dijo
POR SUPUESTO CATA QUE SOIS AMIGAS, Y ERES AFORTUNADA DE HABERLA CONOCIDO Y ELLA DE CONTAR CON UNA PERSONA TAN ESPECIAL EN SU VIDA
15 Marzo 2009 | 10:21 PM