Cuentan que había un país muy lejano donde todo era blanco transparente y de puro cristal. Sus habitantes eran diferentes al resto del mundo, esculpidos perfectamente como finos diamantes, de sentimientos bellos y un poco de vida interior, pero sin grandes pasiones porque su corazón era también de cristal... capaz de sentir a poquitos solamente. No obstante, la vida, transcurría para ellos plácidamente y disfrutaban contentos de una gran paz y entendimiento.

Un día, mientras caía una suave lluvia, apareció en el cielo un arco iris de preciosos colores brillantes. Primero se asustaron, pero al momento se quedaron embelesados ante tanta belleza. Por unos momentos sus reflejos mostraron su país de cristal con unos tonos nunca imaginados por ellos, llenando el paisaje de bellos colores. Colores... esa era una palabra nueva para ellos.

Pero las gentes de aquel país, a partir de aquel día no podían evitar seguir mirando constantemente al cielo recordando y echando de menos con tristeza el arco iris que un día iluminó sus valles. Miraban y miraban hacia arriba esperando que volviera y se tiñera todo de nuevo con aquella preciosa magia colorida. Pero el arco iris no volvía, y sus corazones comenzaron a desfallecer, entristeciendo de melancolía.

La pequeña Andreita, era una niña del país de cristal muy alegre, y fijándose en la gente a su alrededor, sospechaba que esas personas no iban a dejar de estar tristes hasta conseguir su sueño. Como cada vez se veía más contagiada por el sentimiento general, un día decidió finalmente, que se iba a buscar donde fuera que estuviera ese dichoso arco iris... no quería seguir viendo alrededor suyo tanta pena, se propuso encontrarlo y devolver a su país la felicidad que había perdido.

Recorrió tierras, subió montañas, atravesó ríos helados, y llegó a un desierto blanco donde aparecía y desaparecía una inmensa cortina de colores, era la Aurora Boreal. Allí encontró a esa señora junto a un cofre, estuvo contemplándola allí quietecita, mirando como tejía los colores que de él salían.

Al cabo de un rato le pregunto...

¿Tú sabes dónde vive el Arco de colores?-,

El arco vive en el País de Iris. Para llegar allí tienes que atravesar mi cortina de luz.

Andreita, cerró los ojos y saltó sobre la cortina de luz.

¿Cómo puedo conseguir que mi país se llene de colores?- preguntó.

Tendréis que encontrar pedacitos de color, unirlos y subirlos a la Fuente de Luz.

Andreita quedo convencida, le dió las gracias, y fue a contarles a sus amigos el secreto para que todo se llenara de color aunque no estuviera el Arco Iris en el cielo.

Los habitantes del país transparente se alegraron mucho, al instante se fueron a encontrar lejanos lugares en busca de cristales de colores, papeles de caramelo, telas, pétalos de flores...

A la vuelta los cosieron, hasta tejer una gran red de muchos colores. Cuando terminaron, la lanzaron hacia arriba entre todos. La red subió... subió por el aire hasta llegar a la Fuente de Luz.

En ese momento rayos luminosos de miles y miles de colores inundaron el País de los Lugares blancos del País de cristal.

Así sucedió, y siguen todos viviendo felices, o no, pero rodeados de colores que surgen por todos lados. Ellos mismos se ven estupendos, de pronto las personas tienen propia identidad y gozan cada una de ellas de su carácter individual, y junto a los colores se activaron también en las gentes nuevos sentimientos, aunque no todos buenos.

La mayoría de personas vivieron a partir de entonces felices entre tanta belleza, se daban por satisfechas. Pero la niña no conseguía para ella ese sueño, no funcionaba con ella. Pasaban los días, pasaron los años, y Andrea ya era toda una joven belleza, pero seguía siendo de cristal. Se veía tan diferente al resto, ahora lloraba demasiado, seguía siendo transparente... no entendía por qué ese castigo. Muy apenada, decidió ir a buscar de nuevo al Arco iris.

Tanto fue su empeño que al final lo encontró. Estaba en un lugar bellísimo, pero no había gente, solamente lo habitaba el arco iris. Le puso al corriente de toda la historia y durante ese tiempo de roce se hicieron grandes amigos. Tanto que el arco iris se enamoró de ella y le propuso quedarse allí con él, allí en su país... pero ella, aunque sentía que lo amaba también quiso partir, le dió miedo ese sentimiento que le ofrecía no lo conocía, y prefirio volver para vivir con su gente esas sensaciones que sabía que a ellos les hacían felices.

Si no quieres quedarte conmigo, le dijo, además de mi amistad, dentro de este pequeño arco iris que es tu deseo hecho realidad, te dejo este anillo de cristal de colores. Vuelve y se feliz, y si alguna vez sientes que me hechas en falta, rózalo con tus labios, y cuando lo beses se cumplirá tu deseo.

Se despidieron con un gran abrazo, y Andrea partió de regreso. A su llegada comprobó que la promesa del Arco Iris funcionaba...

Así pasaron los días, y Andrea ahora ya no era de cristal, formaba parte de ese mundo anhelado pero no era feliz... seguía faltándole algo, se iba volviendo cada vez más solitaria. Había un algo en ella que seguía siendo igual que siempre... Su corazón... no se había transformado con la magia del Arco Iris... seguía siendo cristalino como antaño. Por otra parte, advirtió que los corazones de las demás gentes se habían vuelto opacos, encontró que sus sentimientos no eran como al principio. Conoció lo que eran las guerras entre ellos, el hambre, la envidia, un mundo que no tenía explicación para ella... ¿como podía ser? Si tenían corazones calientes latiendo en su cuerpo. ¿Qué estaba pasando?

PERMITIDME UN INCISO... ME HE ENROLLADO DE TAL MANERA, QUE NO VEO LA SALIDA... NO SE QUE FINAL DARLE AL CUENTO... SI OS APETECE, ME GUSTARIA QUE CADA UNO DE VOSOTROS ME DEJARA UN FINAL PARA ESTE CUENTO COMO COMENTARIO... Ez que, no se me ocurre como acabarlo de forma rápida y tengo la cocina patas p'arriba.

ainnnnss!!! que desastre soy. Os animais vosotros por mi?